Te quiero. No te quiero. Me quiere. No me quiere. Sí. No. Sí. No. Demasiado tiempo y demasiadas indecisiones. Y es que el amor no se puede basar en un juego de azar, no se puede reducir a una bonita flor que utilizamos como la culpable o la inocente de nuestros problemas. Y cuando se trata de amar, no preguntamos, sino respondemos por nosotros mismos, el corazón habla, el corazón manda, y él es el que nos mueve. Quizás desde el primer pétalo que deshojamos, ya sabemos la respuesta, incluso si es aquella que queremos oír. ¿Preguntar en esto de amar? No. Pasamos demasiado tiempo deshojando margaritas, y cuando nos queremos dar cuenta, llegamos demasiado tarde.
¡Feliz verano a todos!
